EL REALISMO SISTÉMICO DE XAVIER ZUBIRI

 

 TESIS DOCTORAL

 

© 1998-2006 Roberto Hernáez Rubio

 

UNIVERSIDAD DEL PAIS VASCO.

FACULTAD DE FILOSOFIA Y C.C. DE LA EDUCACION.

Departamento de Filosofía.

Título de la Tesis: El realismo sistémico de X. Zubiri.

Autor: Roberto Hernáez Rubio.

Director: Dr. Xabier Palacios.

  

Esta Tesis Doctoral fue defendida en la Facultad de Filosofía y CC. de la Educación de la U.P.V. en Donostia-San Sebastián el 7 de abril de 1995, y aprobada con la calificación de Apto cum laude, ante el Tribunal compuesto por los doctores D. Isidoro Reguera (presidente), D. Nicanor Ursúa (secretario), D. Andrés Sánchez Pascual, D. José Luis Molinuevo y D. José Antonio Artamendi.

Nº de Registro de la Propiedad Intelectual VI-1.257

Nº de Inscripción: 00 / 1999 / 5551 Sección: 1

 

Nota bene:

En esta versión electrónica en formato HTML falta todo el aparato de notas al pie de página con sus correspondientes referencias bibliográficas. Por un lado sería sobrecargar un ya de suyo extenso documento que, pese y debido a la ausencia de dichas notas, no muestra de modo peor las ideas principales que pretende reflejar.

Si alguien, por motivos de investigación, necesitara las referencias incluidas en las notas al pie de página, puede descargar e imprimir desde aquí la tesis completa en formato PDF. De haber algún problema puede ponerse en contacto conmigo.

 

 

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Dedicatorias:

A la memoria de mis padres.

A Maixa, que me ayudó a dar de sí para realizar este trabajo.

En el caso de la presente edición electrónica a mis hijos Ada y Gus.

  

 

-- AGRADECIMIENTOS --

Quisiera expresar aquí mi gratitud a todas aquellas personas que de un modo u otro me han facilitado el camino para la realización de este modesto trabajo. En primer lugar al Dr. D. Carlos Beorlegui, con quien de alguna manera inicié mi andadura en la investigación sobre la filosofía zubiriana. También al Dr. D. Andrés Ortiz-Osés, de quien guardo grato recuerdo por sus apasionados y críticos discursos sobre la metafísica. Asimismo al Seminario Zubiri de Madrid, y especialmente a su director Dr. D. Diego Gracia, por su abierta acogida en las discusiones sobre la obra de Zubiri durante el año 1987. A Dña. Carmen Castro de Zubiri, por su cálido recibimiento y por mostrarme personalmente el lado humano del filósofo. Al Dpto. de Educación del Gobierno Vasco, gracias al cual disfruté de una beca de investigación sobre Zubiri durante los cursos 1986-88. Al Dr. D. Carlos Ulises Moulines por las clarificadoras ideas que expusó sobre la Teoría estructural de la ciencia en un curso de doctorado celebrado en la U.P.V.. Al Dr. D. Julián Pacho por las precisas explicaciones que también en un curso de doctorado ofreció sobre los fundamentos de la Teoría evolucionista del conocimiento. Al Dr. D. Xabier Palacios, por sus sugerencias generales sobre el planteamiento y desarrollo de esta tesis y, especialmente, por las ideas que me ha dado en lo tocante a las relaciones entre Zubiri y Piaget sobre sus concepciones de la filosofía y la epistemología. Por último, al Dr. D. Rafael Lazcano y a la Dra. Dña. Mª Fernanda Lacilla, por facilitarme tan amablemente materiales sobre Zubiri.

 


RESUMEN:

El presente trabajo analiza la filosofía madura de Xavier Zubiri a la luz de un concepto fundamental como es el de respectividad. La respectividad es lo que constituye sistémicamente la realidad en tanto que formalidad (realismo sistémico zubiriano), y la que posibilita la remisión de unas formas de realidad a otras. Mediante el concepto de respectividad sistémica se presentan las aportaciones mas originales del pensamiento zubiriano a los problemas tradicionales en el ámbito de la ontología, la epistemología, la etica, la estética y la filosofía de la historia. También se pretende mostrar la actualidad y similitud de las concepciones zubirianas con respecto a otras filosofías vigentes hoy, especialmente la teoría general de los sistemas en ontología, la teoría evolucionista del conocimiento en epistemología, y la visión estructural de las teorías cientificas en filosofía de la ciencia. De este modo se intenta a lo largo del presente trabajo resaltar la originalidad de zubiri frente a la tradicion intelectualista y logocentrica, a la vez que su conexión con filosofías actuales mucho mas conocidas y populares que la de nuestro autor.

INDICE

 

0.1. Obras de Zubiri y siglas por las que se citan

0.2. Introducción y enfoque de la tesis.

 

PARTE I: METAFILOSOFÍA.

1.1. Objeto de la filosofía en Zubiri.

1.2. Metafísica como física transcendental.

 

PARTE II: LA RESPECTIVIDAD CONSTITUYENTE: EL REISMO

 

2.1. Realidad como respectividad constituyente.

2.2. Sustancia, sustantividad y esencia.

2.3. Hacia un concepto estructural-dinámico de lo real.

2.4. La esencia como principio estructural de la sustantividad.

2.5. Talidad y transcendentalidad: contenido y formalidad de realidad.

2.6. Consideración transcendental de la esencia: constitución, dimensionalidad y tipicidad.

 

PARTE III: LA RESPECTIVIDAD REMITENTE: EL INTELECCIONISMO

.

3.1. Intelección como respectividad remitente.

3.2. Inteligencia susceptiblemente sentiente.

3.3. La verdad como momento de la realidad: la verdad real.

3.4. Modalizaciones de la intelección y de la verdad.

3.4.1. El logos sentiente y la verdad dual.

3.4.2. La razón sentiente y la verdad racional.

3.5. Hacia un concepto subtensional-modulado de la inteligencia: la noología evolucionista.

3.6. La respectividad "de sentido": La realidad en condición.

3.6.1. Concepto de realidad en condición

3.6.2. La respectividad ética.

3.6.3. La respectividad estética.

3.6.4. La respectividad histórica.

 

4.- CONCLUSIÓN: El mundo de la respectividad y la respectividad del mundo.

5.- BIBLIOGRAFIA.

 

OBRAS DE XAVIER ZUBIRI Y SIGLAS POR LAS QUE SE CITAN

 

- 1923; TFJ, Ensayo de una teoría fenomenológica del juicio. Tesis doctoral.

- 1933; SPF, "Sobre el problema de la filosofía", Revista de Occidente, nº 115, págs. 51-80; y nº 118, págs. 83-117. Reeditado en Convivium, nº 5 (1993), págs. 81-98.

- 1935; FM, "Filosofía y Metafísica", Cruz y Raya, nº 30, págs. 7-60.

- 1944; NHD, Naturaleza, Historia y Dios. 1º ed., Madrid, ed. Nacional, (aquí se citará por la 7ª ed. 1978).

- 1959; PM, "El problema del hombre". Revista Indice, nº 120, págs. 3-4. También recogido en la compilación ZUBIRI, Siete ensayos de antropología filosófica (SEAF). ed. USTA, Bogotá, 1982.

- 1962; SE; Sobre la esencia. Madrid, Alianza Editorial. [1ª ed. en Alianza, 1985]

- 1963; CLF; Cinco lecciones de filosofía. Alianza Ed. [3ª ed. 1985]

- 1963; HRP; "El hombre, realidad personal". Rev. Occ., 2ª época, nº 1, págs. 5-29. También en SEAF.

- 1964; OH; "El origen del hombre". Rev. Occ., 2ª época, nº 1, págs. 146-173. También en SEAF.

- 1967; NIH; "Notas sobre la inteligencia humana". Asclepio, XVIII-XIX, págs. 341-353. También en SEAF.

-1973; HC; "El hombre y su cuerpo". Asclepio, XXV, pàgs. 3-15.También en SEAF.

 

- 1974; DHSH; "La dimensión histórica del ser humano", Realitas I. Madrid, Ed. Moneda y Crédito, 1974, págs. 11-69.

-1975; PTH; "El problema teologal del hombre", en SEAF, págs. 175-187. Aparece en HD, pp. 369-383.

- 1976; CDT; "El concepto descriptivo del tiempo". Realitas II; Ed. Moneda y Crédito, Madrid.

- 1979; RR; "Respectividad de lo real". Realitas III-IV, Madrid, Ed. Moneda y Crédito, págs. 13-43.

- 1980; RTE; "Reflexiones teológicas sobre la Eucaristía". Bilbao, P.U. Deusto.

- 1980; IRE; Inteligencia Sentiente. *Inteligencia y Realidad. Madrid, Alianza Editorial. (3º ed. 1984)

- 1982; IL; Inteligencia y Logos. Madrid. Alianza.

- 1983; IRA; Inteligencia y Razón. Madrid. Alianza.

- 1984; DE; "Dos Etapas". Rev. Occ. Madrid. 4ª época, nº 32; págs. 43-50. Incluido también en la 9ª edición de NHD (1987), págs. 9-17.

- 1984; HD; El hombre y Dios. Madrid. Alianza.

- 1986; SH; Sobre el Hombre. Madrid. Alianza.

- 1989; EDR; Estructura dinámica de la realidad. Madrid. Alianza.

- 1992; SSV; Sobre el sentimiento y la volición. Madrid. Alianza.

- 1993; PFHR; El problema filosófico de la historia de las religiones. Madrid. Alianza.

- 1994; PFMO; Los problemas fundamentales de la metafísica occidental. Madrid, Alianza.

 

 

 

 

0.2.- Introducción y enfoque de la tesis.-

 

 

Todas las cosas reales tienen en cuanto pura y simplemente reales una unidad de respectividad.

(IRA, 19)

 

Este trabajo pretende ofrecer una panorámica de la filosofía o metafísica de Xavier Zubiri, teniendo como eje de todo su desarrollo el concepto de respectividad, ya que creemos que dicho concepto aporta una mayor inteligibilidad a la filosofía zubiriana.

La filosofía de Zubiri se ha presentado como una filosofía de la realidad, siendo éste el concepto que envuelve todos los demás. Así, se ha tildado el sistema zubiriano como "realismo radical" (Ferraz Fayos; Wessell), lo cual obviamente es cierto, pero a nuestro juicio, no resalta suficientemente lo más original de la filosofía de Zubiri. Y ello se debe a que el realismo en filosofía es algo muy amplio, y aunque el concepto de realidad ha sido introducido y planteado por Zubiri de un modo muy específico y personal, el presentar a Zubiri como realista radical es, aunque cierto, muchas veces poco esclarecedor. Por ello en este trabajo hemos querido recorrer la filosofía de Zubiri teniendo como guía el concepto de "respectividad", el cual en cierto modo equivale al de "realidad", por cuanto ambos son, como veremos, transcendentales. Entendiendo, tal como hace Zubiri, la realidad como formalidad (modo de quedar las cosas en la inteligencia humana), a la vez que como respectividad sistémica (por cuanto toda nota de algo es sólo real en tanto que respecto a un sistema), podemos calificar -aunque conscientes de lo artificioso de toda etiqueta- la filosofía zubiriana como un realismo sistémico (mejor aún como veremos, "reísmo sistémico") o como una filosofía de la respectividad. Tal reísmo sistémico se caracterizará por ser un realismo defendido desde un punto de vista inteleccionista, esto es, previo a la tradicional oposición epistemológica de sujeto/objeto, e independiente pues de todo realismo situado en el punto de vista intelectualista que parte de la oposición sujeto/objeto.

El concepto de "respectividad" nos limita, además, a parte de la filosofía zubiriana, pues dicho concepto no la engloba toda, cosa que sí ocurre con el de "realidad". Zubiri se propuso ya desde su obra Sobre la Esencia (1962) desarrollar una "Metafísica intramundana" (cfr. SE, 237), o una "metafísica de la realidad mundanal en cuanto tal" (SE, 201), a la cual también denomina "Física transcendental" (IRE, 127-132). Como veremos, al analizar la filosofía de Zubiri desde el plano de la "respectividad", y al situar en ese plano el resto de los conceptos zubirianos, dejamos aparte lo que Zubiri denomina una "filosofía transmundana", esto es, aquel tipo de investigación que se sale de la metafísica intramundana y por ello del plano que aquí llamamos plano de la respectividad. Se trata de una filosofía de lo "irrespectivo", característica con la que Zubiri califica a Dios. En tanto que irrespectivo, Dios no es, no tiene ser (SE, 434). Por esta razón, al investigar la filosofía zubiriana desde el plano de la respectividad, dejamos de lado la filosofía de la religión de Zubiri, y con ello parte de su antropología, para centrarnos preferentemente en dos temas que en Zubiri, veremos, cobran una original unidad metafísica y que son el problema de la realidad (tradicionalmente denominado "ontología") y el problema de la actualización de dicha realidad en la inteligencia (tradicionalmente llamado "epistemología").

Profundizando en estos dos apartados de la filosofía zubiriana identificaremos el planteamiento que Zubiri ofrece para el problema de la realidad con el concepto de Reísmo, con el fin de distinguirlo de cualesquiera otros realismos que en filosofía han sido y son. Y en segundo lugar, condensaremos la solución a la que Zubiri llega en el problema de la inteligencia y el conocimiento bajo el concepto de Inteleccionismo, para situarlo lo más precisamente posible frente a otras soluciones epistemológicas. Por último será necesario remarcar la esencial unidad existente entre ambas propuestas y, además, enunciar y denunciar las posibles dificultades o ambigüedades latentes en ellas.

Con el Reismo Zubiri denuncia lo que él llama la entificación de la realidad para proponer una reificación del ente. Es la tarea que lleva a cabo en Sobre la esencia (1962) y en Estructura dinámica de la realidad (1989, -curso oral de 1968-). Y con el inteleccionismo denuncia la logificación de la inteligencia y propone la inteligización del logos, propósito que desarrolla en la trilogía Inteligencia sentiente (1980-83). Son sendas soluciones para los problemas de la respectividad constituyente (realidad) y de la respectividad remitente (intelección). Ambas temáticas son inseparables y Zubiri ofrece esa unidad en el marco de una metafísica de la respectividad, desglosable en una metafísica de la actuidad y una metafísica de la actualidad. Mediante los conceptos de reísmo e inteleccionismo Zubiri se propone sobre todo denunciar y superar las insuficiencias filosóficas tanto del idealismo como del racionalismo y del realismo ingenuo, en sus conceptuaciones ontológicas y epistemológicas. La consecuencia, entre otras, es una intensa y sólida crítica especialmente a los conceptos de sustancia y conciencia, por ser éstos sostenedores de una tradición metafísica al margen de lo físico y de las ciencias positivas.

Es menester ir distanciando la filosofía zubiriana de ciertas corrientes con las que se le ha identificado en enciclopedias y manuales filosóficos al uso. A Zubiri lo han encasillado cómodamente quienes poco o nada lo han leído en corrientes filosóficas neoescolásticas. Nada más lejos del espíritu de su pensamiento. Cierto es que ha rescatado conceptos utilizados por los escolásticos, pero poco más le acerca al contenido de esa filosofía. Asimismo, y siguiendo esta línea, se le ha calificado como "metafísico" en ese sentido peyorativo con que hoy se emplea el adjetivo para referirse a quienes parecen haber hecho oidos sordos al positivismo lógico y las corrientes analíticas de este siglo. Como veremos, Zubiri no critica las anteriores metafísicas para proponer una más, sino que pretende transformar el contenido y el significado mismo de la metafísica, partiendo de la idea de que lo metafísico-transcendental sólo se puede constituir a partir de su fundamento físico-material. La metafísica no es ir más allá de lo físico, consistiendo el ir más allá en la instauración de una verdadera realidad ideal frente a la apariencia empírica, sino que consistirá ante todo en lo que Zubiri denomina una física transcendental, esto es, en la constatación de que toda estructura y realidad, por muy espiritual, racional o ideal que ésta sea, descansa siempre necesariamente en estructuras físico-materiales sin las cuales sería imposible su emergencia y su constitución (materismo zubiriano). Es lo que podríamos denominar una metafísica a posteriori, por muy contradictorios que aparenten ser ambos términos. Dicha metafísica no tiene otro sentido que constatar que el problema de lo real no sólo no es un pseudo-problema (neopositivismo), sino el problema fundamental de la filosofía.

La metafísica zubiriana es pues una física de la realidad y del sujeto que ésta constituye emergente y ontoevolutivamente. Frente al sujeto constituyente del racionalismo y del idealismo, Zubiri propone y desarrolla la idea de un sujeto constituido en respectividad con lo real. La filosofía zubiriana sería pues el intento de descripción y reconstrucción del sujeto fundamentándolo en la base material-física que lo hace posible en sus dimensiones intelectiva, ética, estética e histórica.

Tampoco, a nuestro juicio, se resume la filosofía zubiriana tildándola de personalismo cristiano, tal como en algunos lugares se puede leer. Cierto que la antropología zubiriana tiene por conceptos claves los de personeidad y personalidad, pero hay que decir aquí que la antropología zubiriana se encuentra en el marco mucho más amplio de una metafísica de la realidad, y además, que la propia antropología zubiriana, de la cual aquí haremos referencias muy accidentales, encuentra, si se quiere hurgar en ella, conceptos mucho más fundamentales que el de persona, por cuanto lo posibilitan; es el caso, por ejemplo, del de "animal de realidades" o "sistema psico-orgánico". El concepto de persona consiste en la forma de la realidad humana, pero no se identifica con dicha realidad. Sólo porque el hombre es un animal de realidades, dice Zubiri, puede ser un animal personal.

El estudio de la filosofía de Zubiri a la luz del concepto fundamental de respectividad supone enfrentarse concretamente con su filosofía madura, la cual él mismo ha calificado como etapa metafísica. El concepto de respectividad aparece por vez primera en Sobre la esencia (1962) y a partir de entonces se encuentra ya en las obras posteriores. Si seguimos la división de la filosofía zubirina que hace Diego Gracia podemos establecer un periodo de maduración entre 1930 y 1962 por un lado, y otro de madurez entre 1962 y 1983, de tal modo que el uso del concepto de respectividad coincide plenamente con la filosofía de madurez de Zubiri. En la etapa de maduración Zubiri presenta ideas a veces muy cercanas a su filosofía de la respectividad, pero sin utilizar nunca dicho término. En cualquier caso no hay nada que permita establecer algún tipo de oposición o diversidad entre ambos periodos, ya que muchas ideas presentes en la etapa de maduración encuentran su pleno significado a la luz del concepto de respectividad introducido en la época de madurez.

El mismo Zubiri fijó por su cuenta dos etapas en su decurrir filosófico que tienen como punto de inflexión la publicación en 1944 de Naturaleza, Historia, Dios. Así, la primera sería la etapa fenomenológica en la que Zubiri se interesó por la fenomenología como filosofía de las cosas y no sólo teoría del conocimiento. Sin embargo, las cosas se entendían desde la fenomenología como correlato objetivo e ideal de la conciencia, lo cual a Zubiri parecía insuficiente. Llegó pues una segunda etapa en 1944 con NHD en la que se comienza una superación de la fenomenología para establecer más bien lo que Zubiri mismo denomina una lógica de la realidad: "la filosofía no es filosofía ni de la objetividad ni del ente, no es fenomenología ni ontología, sino que es filosofía de lo real en cuanto real, es metafísica" (DE, 49). Es ésta la etapa metafísica.

Ambas periodizaciones, la del mismo Zubiri y la de Gracia, son complementarias. El lapso de tiempo entre 1944 y 1962, aunque está ya dentro del ámbito metafísico y de la lógica de la realidad, no sería sino la progresiva maduración de los conceptos clave de la filosofía que Zubiri iba ya a presentar de modo sistemático en 1962. Sólo entonces, y a partir de entonces, el concepto de respectividad se hace presente y dominante en las obras zubirianas, por lo que podremos hablar de la filosofía madura de Zubiri como una filosofía de la respectividad. La lógica de la realidad que Zubiri pretende descrubrir y describir a lo largo de lo que él llama su etapa metafísica encuentra su respuesta en lo que aquí denominamos filosofía de la respectividad o reísmo sistémico. La lógica de la realidad se plasma pues en una filosofía de la respectividad a la luz de la cual y a su través se han querido interpretar aquí todos los textos zubirianos.

El contenido de este trabajo se articula esencialmente en tres partes. En una primera, un tanto a modo de introducción y que hemos denominado Metafilosofía, se exponen las ideas que sobre la filosofía y la metafísica tiene Zubiri. En esta parte pretendemos enmarcar todo el resto del seguimiento que hacemos de la filosofía de Zubiri a la luz del concepto de la respectividad. Se trata aquí pues de clarificar lo más exactamente posible lo que Zubiri entiende por metafísica frente a otras visiones habidas en la historia de la filosofía, y frente al sentido peyorativo con que actualmente se utiliza este término. A partir de ello esbozaremos lo que Zubiri entiende por metafísica intramundana, pues sólo a ella nos circunscribiremos, dejando de lado lo que excede los presupuestos mismos de una filosofía de la respectividad, esto es, una filosofía de la religión o religación por la que el propio Zubiri suele ser más conocido.

En la segunda parte expondremos las ideas zubirianas sobre la respectividad constituyente o interna, esto es, qué se entiende por realidad y cómo se constituye. Es lo que Zubiri denomina una metafísica de la actuidad y cuyas tesis principales podemos recoger bajo el nombre de Reísmo, con el fin de distinguir la filosofía zubiriana del simple realismo. Aludiremos aquí asimismo a la actualidad y adecuación de la filosofía zubiriana al paradigma científico y ontológico actual por lo que respecta a las claras relaciones existentes entre la filosofía de la respectividad zubiriana y la teoría general de los sistemas en tanto que ambas entienden la realidad no como conjunto de entes sustanciales, sino como sistema de respectividades.

Por último, y en tercer lugar, otra parte tratará de aclarar lo que Zubiri entiende por respectividad remitente o externa, especialmente en lo que toca a la teoría de la inteligencia y el conocimiento. Es lo que Zubiri denomina metafísica de la actualidad y que, como hemos señalado, englobaremos bajo el nombre de inteleccionismo. En este punto aludiremos también a la clara adecuación y semejanza de ideas de Zubiri respecto a las teorías de la inteligencia y del conocimiento sostenidas actualmente por otros filósofos, especialmente los pertenecientes a la epistemología evolucionista y a la teoría estructuralista de la ciencia. Pero la respectividad remitente no sólo explica la realidad en tanto que ésta se puede actualizar en la inteligencia, sino que también engloba a la realidad en su posibilidad de actualizarse en una determinada condición o sentido: tenemos pues la conceptuación de la ética, la estética y la misma historia desde el plano de la respectividad remitente. Son aspectos que Zubiri no ha desarrollado tan extensamente como el de la inteligencia, pero que encuentran también su lugar y su articulación en el contexto de una filosofía de la respectividad.

Esperamos pues que la lectura a veces dificultosa, pero siempre sugerente, de las ideas de Zubiri consiga alguna mayor comprensión a la luz de nuestra aproximación desde el plano de la respectividad, teniendo presente que esta lectura de Zubiri supone por necesidad una cierta simplificación de su rica filosofía, pero a la vez un modo, creemos que válido, de acercarnos con mayor inteligibilidad a ella. Quisieramos a este respecto citar unas palabras que creemos son enormemente válidas para la filosofía zubiriana, y que colocan en su justo lugar cualquier acercamiento y explicación que de ella se realice:

La gran filosofía es filosofía nunca plenamente explicada. (...) Cuando un texto filosófico une claridad con indefinición, y cuando, pese a sus intérpretes sigue siendo atractivamente enigmático, su interpretación no tiene fin. Su valor reside entonces menos en su significado en cuanto fijado por una interpretación particular, incluida la de su autor, que en su capacidad para generar nuevos significados. Claro, vago, atractivo y denso, continúa despertando vida y revelando de este modo la vida que con éxito se le ha transferido.

 

 

 

 

PARTE I: METAFILOSOFÍA.

  

  

 

1.1. Objeto de la Filosofía.-

 

O debemos filosofar o no debemos hacerlo. Si debemos hacerlo, entonces debemos hacerlo. Si no debemos hacerlo, entonces también debemos hacerlo (para explicar por qué no debemos hacerlo). Luego en cualquier caso debemos filosofar.

ARISTOTELES

 

 

Tras casi tres milenios de pensamiento filosófico y, circunscribiéndonos al ámbito occidental, desde que en el siglo VI antes de Xto. comenzara la filosofía con los jónicos, aún no hay acuerdo entre los filósofos para definir el objeto propio de su actividad. Lo cierto es que ese objeto ha ido cambiando a lo largo de la historia y a medida que el campo de investigación filosófica se ha estrechado en provecho de la aparición de nuevas ciencias. Por tanto hoy se suele presentar la filosofía como disciplina metateórica y crítica que vive parásita de las ciencias y de otras esferas del quehacer humano.

Sin embargo, la dilucidación de la tarea de la filosofía, que parece ser capítulo meramente propedeútico, es, como señala Zubiri, cosa definitoria. Esto supone que la filosofía propia de un autor depende en sentido estricto de la idea de filosofía que previamente ha concebido, y que conociendo esta idea no es difícil deducir ya su sistema filosófico. Según Zubiri, "en cada pensador el objeto que ha asignado a la filosofía ha configurado de distinta manera su mente." (CLF, 275)

Cuando el objeto de la filosofía se ha presentado -aun siendo distinto- dentro de un mismo contexto, se da lo que Zubiri llama "horizonte", de tal manera que "sin ese horizonte delimitador nada tendría sentido, porque no habría sentido. El horizonte hace posible el sentido en cuanto tal". (SPF, 64). Así, para el mundo griego el horizonte en el que se encuadra la filosofía es en última instancia el de dar razón de la movilidad y el cambio. Dentro de ese amplio horizonte la filosofía tiene variados objetos: el ser, el ente, la forma, la unidad, etc. Mientras que por otro lado la filosofía posthelénica cristiana tiene como horizonte la tarea de explicar la nihilidad ("¿por qué hay algo y no más bien nada?", en palabras de Leibniz). Este horizonte cristiano -señala Zubiri- abarca desde San Agustín hasta Hegel (SPF, 116), y es un horizonte ontoteológico. Con este segundo horizonte se abandona asimismo el carácter natural del quehacer filosófico para dejarse caer en una ingente historia de la racionalidad subjetiva. Si el horizonte griego se definía por la racionalidad, ésta era una racionalidad de la cosa misma. El logos pertenecía al mundo, aunque éste era estrictamente resultado de aquél, reflejo sensible de lo ideal. Sin embargo, con el horizonte cristiano la racionalidad pertenece ya al hombre (en última instancia a Dios) y, por tanto, el mundo es producto del logos, algo "puesto" por la misma razón. En suma, ambos horizontes coinciden en conceder a la racionalidad -sea subjetiva u objetiva- la prioridad. Veremos que con Zubiri la racionalidad (logos) pasa a ser secundaria, pues es producto del mundo, de la realidad.

La filosofía nace pues en el marco de un "horizonte de totalidad" que pretende dar un sentido a los fenómenos. De este modo explica Zubiri que

la filosofía vive en ese horizonte, y no consiste sino en la formación misma de él...Por esto es la filosofía una posibilidad de toda forma de existencia dentro del saber o de la historia, no sólo de alguna forma privilegiada. (SPF, 79)

La filosofía es pues una actividad intelectual que no posee un objeto definido, sino que lo va buscando y esa misma búsqueda constituye la tarea filosófica. Mientras que la justificación de cualquier ciencia da lugar a otra disciplina, esto es, a una metadisciplina, la justificación de la filosofía, la metafilosofía, es ya de suyo filosofía. Como ha señalado el autor Arthur C. Danto,

no deja de ser sorprendente que exista una disciplina cuya naturaleza sea un problema interno de la misma. Casi es un rasgo definitorio de la filosofía el que su propia existencia sea un problema interno de sí misma.

En El saber filosófico y su historia (NHD, 107-122) señala Zubiri que el objeto de la filosofía es fugitivo, evanescente y, por ello, la actividad filosófica consiste en retenerlo y conquistarlo. Es un objeto completamente distinto del objeto de una ciencia particular. Es un objeto que está incluido en todos los objetos reales o ideales, sin ser ninguno de ellos. Es un objeto que no es cosa. Es pues un objeto "trascendental" y eso es lo que formalmente define a la filosofía. Ésta, según Zubiri, es "una reflexión que no descubre por tanto un nuevo objeto entre los demás, sino una nueva dimensión de todo objeto" (NHD, 116), es decir, una dimensión transcendental de los objetos. Esa dimensión ha sido definida a lo largo de la historia de la filosofía de modo muy diverso, ya sea como ente, sustancia, forma, esencia, razón, existencia, ser, etc. Como veremos a lo largo de este trabajo, la dimensión transcendental que Zubiri descubre en todos los objetos es la dimensión de realidad y, especialmente en lo que a este trabajo se refiere, la dimensión de respectividad, que como veremos es también transcendental. En esta persecución filosófica de la dimensión transcendental de las cosas se encuadra toda la producción filosófica zubiriana de principio a fin. La aportación de Zubiri a la filosofía es el haber conquistado la categoría de realidad como dimensión transcendental de todas las cosas, plasmándola en una filosofía de la respectividad. Este hecho que parece tan trivial es exhaustivamente desarrollado por Zubiri en abierta contienda con la filosofía tradicional, en especial la moderna. Zubiri ha devuelto los fueros a lo real perdidos por la insistencia idealista de la filosofía occidental, "ha salvado las apariencias", ha realizado una incisiva desarticulación del ser como concepto central de la filosofía, ha acometido una esmerada crítica a la racionalidad subjetiva que ha definido a la filosofía desde Descartes hasta Husserl incluido, maestro este último del propio Zubiri. Si tomamos una nota definidora de la modernidad como es la sustantivación del sujeto racional, de la conciencia como pilar del desarrollo humano, entonces podemos calificar la crítica zubiriana a ese sujeto como una crítica posmoderna. De ahí que Zubiri haya sustituido la teoría del conocimiento por la teoría de la inteligencia, es decir, haya evitado la reducción de la inteligencia humana al conocimiento racional como hizo la modernidad. La idea de la inteligencia no sólo determina lo que se ha dado en llamar "Erkenntnistheorie" o Epistemología, sino que determina también y sobre todo la idea misma de la filosofía. En sus primeros trabajos ya señala Zubiri que el problema de la filosofía no es sino el problema mismo de la inteligencia (NHD, 111). Así, a lo largo de la historia distingue Zubiri tres concepciones de la filosofía debidas a tres concepciones distintas de la inteligencia. Esas formas de la filosofía son:

1ª.- Filosofía como saber acerca de las cosas.

2ª.- Filosofía como dirección para el mundo y la vida.

3ª.- Filosofía como forma de vida y como algo que acontece.

(NHD, 110)

La filosofía como saber coincide con el objeto o dimensión que se escoge como significativa. La dirección para el mundo viene a ser la sabiduría que la filosofía por definición persigue; esa sabiduría adopta múltiples matizaciones según las situaciones de la inteligencia. Zubiri enumera los modos de la sabiduría griega en relación al objeto al que la inteligencia presta atención. De este modo concluye en que

la filosofía es el problema de la forma intelectual de sabiduría. La filosofía es, por esto, siempre y sólo aquello que ha llegado a ser. No vale otra difinición. La filosofía no está caracterizada primariamente por el conocimiento que logra, sino por el principio que la mueve, en el cual existe, y en cuyo movimiento intelectual se despliega y consiste.(NHD, 222).

 

La filosofía en tanto que intelección peculiar, intelección ulterior, define la actitud del hombre ante el problema de la realidad. Según el aspecto que de ésta se destaque tenemos la intelección como aventura, como logro de lo razonable y como ciencia. Estos tres componentes se encuentran en toda intelección verdadera y, por tanto, en toda filosofía (Cfr. SE, págs. 131-132 e infra, pág. 125).

Sin embargo, es menester darse cuenta que hablar hoy en día en nuestro mundo supertecnificado de filosofía como saber transcendental y de sabiduría puede parecer marginal y transnochado. Y toda la obra zubiriana no hace sino manifestar la posibilidad de una filosofía acorde con la ciencia contemporánea, esto es, de una metafísica científica por muy contradictorios que al principio puedan parecer esos términos. En su artículo de 1942 titulado Nuestra situación intelectual (NHD, 3-31), Zubiri reconoce la dificultad de la actividad filosófica en nuestros días y analiza puntualmente sus causas. Estas son:

i/ la confusión reinante en la ciencia que tiende a la positivización de todo objeto de estudio y, por tanto, entorpece el análisis de la especificidad de ciertos objetos de investigación, conduciendo al imperio del positivismo, que reduce lo real a hecho y éste a dato sensible.

ii/ la desorientación en el mundo actual de la función intelectual, que no encuentra su lugar en un contexto donde reinan el interés y la utilidad. Aquí se apunta el carácter marcadamente teórico de la actividad filosófica, caracter al que a veces se alude peyorativamente por su distanciamiento de la praxis vital. Y asoma, por ello, la tentación del pragmatismo, que entiende la ciencia no como visión, sino como previsión.

y iii/ el descontento del intelectual consigo mismo por cuanto hay una hegemonía de la técnica y del método, sin una verdadera vida intelectual creativa que implique no tanto la posesión de verdades, sino el estar de alguna manera poseído por la verdad.

Por estas razones se pierden tres ideas fundamentales de la tradición filosófica: las ideas de ser, mundo y teoría. Frente al ser hay una preeminencia del hecho y la historia; frente a la idea de mundo se imponen las de atomización, separabilidad y mecanicismo técnicos; frente a la idea de teoría, de bios theoretikós, prevalece la de urgencia y rapidez.

Con ello se ofrece en bandeja el caldo de cultivo idóneo para impedir la dedicación filosófica. El hombre actual

huye de sí, hace transcurrir su vida sobre la superficie de sí mismo. Renuncia a adoptar actitudes radicales y últimas. La existencia del hombre actual es constitutivamente centrífuga y penúltima. (NHD, 31)

Zubiri exige pues a la tarea intelectual una "voluntad de verdad", una dedicación frente a la mera ocupación. Quien no es partícipe de esa voluntad es acusado de penultimidad -de mera voluntad de vivir- tanto en la esfera estrictamente cognoscitiva como existencial-religiosa. La idea de filosofía que propone Zubiri a lo largo de su obra no sólo quiere distanciarse de la positivización y pragmatismo, sino también y especialmente del racionalismo o logocentrismo que ha guiado la filosofía a lo largo de toda la modernidad. Ese logocentrismo de la filosofía es consecuencia de una errónea idea de la inteligencia, de la idea de la inteligencia como logos. A toda esa impostura dedicará Zubiri su trilogía Inteligencia sentiente (1980-1983), aunque las ideas claves ya se encontraban en Naturaleza, Historia y Dios (1944) y en Sobre la esencia (1962). Zubiri ha diagnosticado ese "egipticismo" -así llama Nietzsche a la moralista pretensión de entender la realidad dinámica y tempórea desde los presupuestos inmovilistas y momificantes del logos conceptual- de la metafísica clásica como "logificación de la inteligencia". Frente a la logificación de la inteligencia propia del logocentrismo, Zubiri propondrá el "inteleccionismo". En este sentido es interesante reflejar cómo algunos autores aciertan a ver la metafísica zubiriana en el marco del desarrollo de la filosofía racionalista europea; tal es el caso de Jesús Conill que califica la metafísica intramundana de Zubiri como una metafísica postnietzscheana:

Zubiri responde, sin expresarlo explícitamente, al reto nietzscheano, ofreciendo una vía a la metafísica que no cae bajo sus críticas. Pues la metafísica zubiriana no parte de ninguna crítica de la sensibilidad; al contrario, se funda en la aportación más radical de los sentidos. En ella no se establece escisión alguna entre dos mundos, sino que hay un solo mundo sin necesidad de separar un mundo en sí (...). Igualmente comparten su crítica de la conciencia y de la lógica en sus pretensiones de convertirse en instancia básica, ya que ambas profundizan hasta las infraestructuras noérgicas, las fuerzas que están en el fondo del desarrollo noético.

Se ha identificado filosofía con racionalidad y de ahí que se olviden las tendencias izquierdistas de la historia de la filosofía tales como la izquierda aristotélica (Avicena et alii) o la izquierda hegeliana (Feuerbach et alii). Zubiri puede inscribirse en esta corriente que critica la racionalidad unilateral y que traslada la importancia hacia la realidad material. El conocimiento, el logos, como veremos, sólo será un modo de la inteligencia. Ésta es a su vez un modo del sentir y, en última instancia, todo ello procede evolutivamente de la realidad material cuya característica dinámica más importante es la de ser emergente. Por esta razón se puede hablar, como veremos, en Zubiri de un materialismo emergente (Cfr. cap. 3.5.).

Frente al racionalismo con su lógica de los razonamientos, y frente al idealismo con su lógica de los principios, Zubiri se sitúa en la línea de una lógica de la realidad, de una vuelta a las cosas.

Saber no es sólo entender lo que de veras es la cosa desde sus principios, sino conquistar realmente la posesión esciente de la realidad; no sólo la "verdad de la realidad", sino también la "realidad de la verdad". "En realidad de verdad" es como las cosas tienen que ser entendidas. (NHD, 49)

Zubiri, pues, desplaza la importancia de la idea (verdad de la realidad) a las cosas, a la patencia real de las cosas, al sentir impresivo (realidad de la verdad). Y en esto consiste el resumen programático de la filosofía que como lógica de la realidad Zubiri propone. Esta lógica no supone olvidar la idea o el principio, sino al contrario, fundamentarlo en la realidad. La lógica de la realidad no ha de conducir a un empirismo positivista que anule la propia filosofía. Si antes teníamos un ideísmo sin realidad (idealismo), el positivismo sería un reísmo sin idea. Frente a estas posiciones unilaterales Zubiri propone como caracterización de su filosofía un reísmo con idea. Con el concepto reísmo Zubiri pretende resumir el planteamiento por él adoptado en su teoría de la realidad y también en su teoría de la intelección con el fin de distinguirlo de todo realismo de corte ingenuo o crítico. Así pues al referirse a la realidad, Zubiri entiende por tal "no formalmente una zona o clase de cosas, sino tan sólo una formalidad, la reidad" (IRE, 172). Como veremos, formalidad es el modo como lo aprehendido queda en el aprehensor. (Cfr. infra págs. 71 y 102 y ss.). Y las cosas quedan en el hombre en formalidad de reidad (IRE, 57-58). Reísmo y reidad serían los términos más apropiados para la filosofía zubiriana que los clásicos de realismo y realidad, aun cuando Zubiri también emplea éstos.

Esta lógica de la realidad o vuelta a las cosas viene producida por la influencia de la fenomenología en Zubiri. No hay que olvidar que Zubiri asistió a las clases de Husserl y que realizó su tesis doctoral bajo la dirección de Ortega y Gasset sobre la teoría fenomenológica del juicio. Zubiri mismo en su prólogo a la edición inglesa de Naturaleza, Historia, Dios, señala que su primera etapa intelectual se inspiró por la filosofía de las cosas frente al imperio de la razón. Esta etapa abarca de 1932, cuando se había incorporado a la universidad madrileña, hasta 1944, fecha de la publicación de Naturaleza, Historia, Dios. Y dentro de su inspiración realista Zubiri fue abandonando paulatinamente su inspiración fenomenológica para entrar en una nueva etapa estrictamente metafísica. Esta etapa (1944-1983) trata de superar las sustantivaciones de la filosofía occidental (espacio, tiempo, conciencia y ser), es decir, trata de superar la filosofía entendida como fenomenología o como mera ontología. Según Zubiri, la filosofía es "filosofía de lo real en cuanto real", es pues metafísica.

 

 

1.2. Metafísica como Física Trascendental. Filosofía y ciencia.

 

Lo real en su realidad o en tanto que realidad es lo real en tanto que objeto de los sentidos, es lo sensible. Verdad, realidad, sensibilidad, son idénticos.

(L. FEUERBACH, Principios de la filosofía del futuro.)

Hemos visto que el objeto de la filosofía según Zubiri es la realidad y que es la metafísica la que estudia la realidad como tal. En Zubiri filosofía y metafísica coinciden en ese anclaje en la realidad. En este apartado vamos a intentar una justificación de la propia metafísica por cuanto en el caso zubiriano se refiere a una disciplina que se separa tajantemente de la metafísica tradicional y hunde sus raíces en otra importante actividad de la razón: la ciencia.

La denominada metafísica escolástica se desarrolla unilateralmente a partir de Platón y Aristóteles devaluando lo sensible, lo empírico, lo material. Ello se debió, según Zubiri, a un falso concepto de inteligencia. El dualismo platónico que dividía lo real en cosmos noetós y cosmos aisthetós dejaba fuera del ámbito del estudio metafísico a este último, concentrándose exclusivamente en el estudio de las formas puras, en lo noético. La metafísica se entendió como "ultrafísica" en términos zubirianos: se ocupaba únicamente de lo transcendente, de lo que está más allá de lo físico, esto es, de lo inteligible (IRE, 127-128). Es la filosofía como contemplación. La metafísica como ultrafísica se queda en lo formal, en lo eidético, en lo racional. Presupone una falsa teoría de la inteligencia en la que ésta se traduce unilateralmente en logos. Ontológicamente esto tiene su consecuencia más importante en la prioridad otorgada a lo formal-eidético en detrimento de lo sensible-material. Esta concepción de la metafísica como ultrafísica que sólo proclama como válido lo ideal, lo universal y lo racional es lo que García Bacca, comentando a Heidegger, ha caracterizado como un "morirse": hacer este tipo de metafísica (ultrafísica) es morirse. Dice Bacca que

el programa de la metafísica pura consiste en poner a las ideas en estado de pureza, de a priori, de condición pura de posibilidad, sin vincularlas a nada individual, espacial, y ejecutar tal programa es, por el mero hecho, desprenderlas de mí, y de mi yo real espacial, temporal individual. Es decir: hacer metafísica es matarme, y morirme por matarme.

Esta ultrafísica que Heidegger denunciaría como ya imposible, Zubiri la criticará denodadamente a lo largo de su obra para proponer un nuevo tipo de saber transcendental: la física transcendental.

Con los medievales la metafísica se entendió como "transfísica", como algó allende lo físico (IRE, 128-129). La metafísica como transfísica separa tajantemente lo transcendental de lo físico y hay que dar un gran salto para acceder de un ámbito a otro.

Con los modernos, y a partir de Kant, se ha transladado el mismo hecho a una metafísica del conocimiento: se entendió lo transcendental como a priori y concluso, como condición previa de atención a lo físico. Había también una separación entre lo transcendental (a priori) y lo físico (a posteriori), teniendo inteligibilidad e importancia lo primero con vistas a la constitución de la unidad del objeto (IRE, 129-130).

Frente a estas concepciones tan parciales de la metafísica debidas a una incorrecta conceptualización de la inteligencia, Zubiri afirma que tanto lo real como lo transcendental son formalmente físicos. Es más, no son dos cosas diferentes, sino dos momentos de la misma realidad física. La metafísica como estudio de la dimensión transcendental de las cosas es "lo físico mismo como trans" (IRE, 129), es decir, lo físico en su momento transcendental, pero sin salirnos de lo físico mismo. Es la metafísica como física transcendental que supone una concepción nueva de la inteligencia: la inteligencia que no se sale ni va más allá de lo sensible ("inteligencia sentiente"). Queda claro que para Zubiri, en contra de cualquier tipo de idealismo, "la transcendentalidad es siempre de carácter físico" (RR, 39).

Esta nueva concepción de la metafísica según la presenta Zubiri en el Apéndice 4 de Inteligencia y Realidad, supone una transcendentalidad no a priori y conclusa, sino a posteriori y abierta: una transcendentalidad dinámica (IRE, 131). Esto significa que metafísica no se opone a ciencia física, sino que se fundamenta en ella. La metafísica zubiriana es una metafísica a posteriori, dependiente de la dinamicidad de la marcha científica, y no una metafísica apriorística que pretende medir este mundo físico y dinámico con el canon paradigmático de un ultramundo o transmundo. En este sentido puede decir Aranguren que "la filosofía primera de Zubiri, a cuya exposición dedicó el curso 1952-53, es, según creo, la más 'sobria' y estructural y la menos 'metafísica' de todas las metafísicas conocidas".

En palabras más técnicas que Zubiri emplea en Sobre la esencia, se señala que la tarea de la ciencia es averiguar las notas esenciales que hacen que lo real sea tal como es. Ese orden de la talidad es asunto de la ciencia: "averiguar cuál sea esta esencia, es decir, cuál sea este tal, es asunto del saber positivo". (SE, 357)

La metafísica se encargará pues de conceptuar lo que sea el orden talativo, a la vez que analiza la estructura transcendental, esto es, el orden de la realidad, que aquí expresaremos como respectividad. De este modo, lo físico y su estudio no es patrimonio de la ciencia. El único patrimonio de la ciencia será lo talitativo, es decir, lo empírico-positivo, pero no formalmente lo físico. Señala Zubiri que

físico no es sinónimo de empírico o positivo, sino que lo físico mismo es susceptible de una doble consideración, positiva y metafísica. (SE, 276).

La ciencia surge cuando se interpreta la fuerza de la realidad, la cual es un momento transcendental, como ley.

Sólo se habrá conseguido el estudio científico de una fuerza natural cuando se hayan determinado unívocamente las condiciones en que aparece y el modo como actúa, es decir, un conjunto de manifestaciones que suceden a otras anteriores. (NHD, 76).

La ciencia se ocupa pues de cómo acontecen los fenómenos. La metafísica habrá de conceptuar lo adquirido por la ciencia y su actividad misma, siendo su objeto la dimensión transcendental de las cosas, esto es, su unidad de realidad. Sin embargo, "la unidad que la ciencia persigue en la totalidad de los fenómenos es su conexión, objetiva, esto es, la ley." (NHD, 87).

La metafísica busca el fundamento transcendental de las cosas; la ciencia las conexiones objetivas de los fenómenos. Por ello señala Zubiri que en la ciencia hay una prioridad de la ratio cognoscendi sobre la ratio essendi, mientras que la metafísica sucede lo contrario (NHD, 87). Pese a estas señaladas diferencias no está nunca de más recordar que la metafísica es una metadisciplina de la propia ciencia y que ésta no anula en ningún caso aquélla. No hay que ver oposición anuladora donde existe complementariedad.

Además, según Zubiri, tanto el quehacer filosófico como la investigación científica parten de la misma raíz: la ontología aristótélica del movimiento. A partir de Aristóteles se forma una idea de naturaleza en la que el movimiento se entiende como un llegar a ser. Se interpreta el movimiento desde el punto de vista del ser y éste desde la medida, el eidos (NHD,291-294). Con Galileo, se produce una inflexión de corte científico-matemático en la concepción de la naturaleza, de tal modo que "la naturaleza ya no es orden de causas, sino norma de variaciones, lex, ley." (NHD, 294)

El movimiento como llegar a ser (Aristóteles) se reinterpreta modernamente como mera variabilidad de fenómenos. Surge la física moderna en la cual no importa tanto el origen de las cosas ni del movimiento, como las variaciones medibles de los fenómenos. Con esto quedan distinguidos y separados "los fenómenos de la naturaleza" (física galileana) y "las cosas del mundo" (ontología aristotélica) (Cfr. NHD, 295), es decir, se apartan filosofía y ciencia física por interpretar de modo distinto la naturaleza. Sin embargo, esta raíz común hace que Zubiri intente crear una nueva filosofía no escindida de la nueva física, esto es, que su filosofía no sea una ultrafísica, sino una física que interpreta la naturaleza con el concepto filosófico de realidad.

En Sobre la esencia, Zubiri apunta también el concepto filosófico de naturaleza que a él le interesa destacar. Si se entiende la naturaleza al modo moderno (Galileo) como ley, se deja al margen la individualidad de la cosa, caracterísitica que la metafísica zubiriana siempre pretende destacar. Señala Zubiri que

frente al concepto moderno de naturaleza como ley, hay que revindicar aquí el concepto de naturaleza como cosa. Pero frente al concepto griego de cosa natural, como cosa originada por un principio intrínseco, hay que propugnar el concepto de cosa que actúa formalmente por las propiedades que posee, sea cualquiera su origen. (SE, 106-107)

La metafísica, entendida pues como física transcendental, como saber trans-positivo, se identifica formalmente con la filosofía misma. Esta idea se desprende, según Pintor-Ramos, del curso de Zubiri aún inédito de 1969-70 titulado Los problemas fundamentales de la metafísica occidental. La consideración metafísica de lo físico es, según Zubiri, la misma filosofía. Tal consideración apunta a lo que de real hay en las cosas y en el mundo, es decir, a su momento transcendental. Desde esta perspectiva expresa diáfanamente Ellacuría lo que Zubiri entiende por realidad como momento transcendental que la filosofía ha de conceptuar:

hay que entender correctamente el decir que el objeto de la filosofía en Zubiri sea lo real como "de suyo". Se entiende correctamente cuando en esa afirmación se unifican adecuadamente el sentido material y formal de lo que es realidad. Si su estudio fuera sólo la formalidad del "de suyo", estaríamos ante una metafísica puramente formal que nos acabaría dejando fuera lo que es el mundo de lo real; si su estudio fuera sólo el conjunto de las cosas reales tal como aparecen a la experiencia cotidiana, sea práxica o teorética o al saber científico, dejaría fuera lo real del mundo. Hay que superar esos dos extremos. La metafísica estudia unitariamente el mundo de lo real y lo real del mundo

  

 

 

 

PARTE II.- LA RESPECTIVIDAD CONSTITUYENTE: EL REÍSMO.

 

 

 

2.1. Realidad como respectividad constituyente.-

  

Es menester subrayar enérgicamente los fueros de los real. (SE, 58)

 

 

La categoría fundamental de la filosofía zubiriana es la categoría de realidad. Todo lo que hay coincide en ser realidad, no sustancia, ni ser, ni idea. La realidad radical, que diría Ortega, no es la naturaleza, ni la conciencia, ni la sustancia u otras, sino la misma realidad en tanto que respectividad sistémica. Podemos definir la posición ontológica de Zubiri como la de un realismo sistémico emergente. Realidad es una dimensión transcendental en la filosofía zubiriana, y se presenta como estructura alternativa frente a las categorías de la filosofía tradicional. Realidad no es pues categoría ni ontológica ni epistemológica, sino que es, como veremos, formalidad, respectividad y sistema. El concepto de realidad zubiriano dice siempre estructura física. Con respecto a la filosofía griega, en especial la aristotélica, realidad es un concepto que se opone al de sustancia. Ya Unamuno señaló que "la noción de sustancia es una categoría no fenoménica" . Y con respecto a la filosofía moderna, la realidad cobra importancia frente al yo, a la conciencia, a la subjetividad, al logos. Cualquier tipo de idealismo racionalista repugna a la concepción filosófica de Zubiri. Frente a la importancia que en la modernidad se ha otorgado al sujeto cognoscente, Zubiri pretende en su filosofía devolver los fueros a lo real. En este sentido, y antes de iniciar el análisis de la realidad que Zubiri propone, comprobamos de antemano su interés revisor y crítico de la modernidad. No nos representamos nosotros la realidad (idealismo), sino que es ella la propia condición de posibilidad de cualquier representar, es ella la que nos inventa y nos constituye como sustantividad inteligente. Como incluso el mismo Kant señalaba en el prólogo a la segunda edición de la Crítica a la razón pura,

sigue siendo un escándalo de la filosofía y del entendimiento humano en general el tener que aceptar sólo por fe la existencia de las cosas exteriores a nosotros (a pesar de que de ellas extraemos todo el material para conocer, incluso para nuestro sentido interno)

Este escándalo del idealismo que ya denunciara el mismo Kant es lo que mueve a Zubiri a arremeter contra él, a huir de cualquier tipo de subjetivismo y a realizar una ingente declaración de humildad filosófica devolviendo todo el protagonismo al propio dinamismo de lo real.

Todo el análisis de lo que Zubiri entiende por realidad se encuentra en Sobre la esencia (1962). Sin embargo, sólo con el complemento de la trilogía Inteligencia sentiente (1980-1983) se puede alcanzar a comprender el sentido preciso de lo dicho en Sobre la esencia. En Inteligencia sentiente, se ve más claramente el porqué del análisis de la realidad y de su momento esencial que se lleva a cabo en SE. En SE se ve claramente la crítica que desde un punto de vista ontológico hace Zubiri al concepto aristotélico de sustancia. Pero con la trilogía de la inteligencia se entiende mejor desde qué punto de vista epistemológico se llegaba a la visión sustancialista (aristotélica) de la realidad. Ambos puntos de vista son pues complementarios. Como señala Zubiri en la introducción a Inteligencia sentiente, refiriéndose a este tema,

es imposible una prioridad intrínseca del saber sobre la realidad ni de la realidad sobre el saber. El saber y la realidad son en su misma raíz estricta y rigurosamente congéneres. (IRE, 10)

Es importante señalar que aquí realidad significa teoría de la realidad (lo que se suele llamar ontología, pero que Zubiri rehuye denominar así), y que saber significa teoría de la inteligencia (lo que se suele llamar epistemología). Como bien señala Diego Gracia, la teoría de la realidad que Zubiri expone en Sobre la esencia constituye una metafísica de la actuidad (respectividad constituyente), mientras que la teoría de la inteligencia que se presenta en la trilogía Inteligencia sentiente, y la teoría de la realidad "en condición" o realidad-sentido presente en otras obras póstumas, representa una metafísica de la actualidad (respectividad remitente). Como más adelante se verá, la actuidad hace referencia al concepto clásico de acto (energeia aristotélica) refiriéndose por ello a la plenitud de notas físicas de una realidad. La actualidad, por el contrario, es también un momento físico, pero que no concierne a las notas reales de la cosa, sino meramente al modo de estar presente de algo ya de por sí real. (Cfr. IRE, 137-141).

Avisados pues de la naturaleza marcadamente crítica de estas obras de Zubiri vayamos aclarando lo que éste quiere significar con el término "realidad". En Zubiri este término posee dos significaciones. La primera opera dentro de lo que es para Zubiri una teoría de la realidad; la segunda opera en el ámbito de una teoría de la inteligencia. Y ambas significaciones no son diferentes, sino que refieren lo mismo pero desde puntos de vista complementarios. Al primer punto de vista lo llamaremos ontológico y al segundo epistemológico, por utilizar una terminología usual, aunque como más adelante veremos, Zubiri tiene poderosas razones para evitar esos términos por haber ya en ellos unos presupuestos que es menester superar a la luz del conocimiento científico actual.

Así ontológicamente,

es realidad todo y sólo aquello que actúa sobre las demás cosas o sobre sí mismo en virtud formalmente de las notas que posee.(SE, 104)

En esta definición es importante subrayar el sentido actuante de lo real, pues es lo que le confiere un carácter dinámico. A este dinamismo alude Zubiri cuando en Estructura dinámica de la realidad señala que "el problema de la causalidad se inscribe dentro de la actividad" (EDR, 88).

Epistemológicamente (mejor noológicamente),

realidad no significa lo que la cosa es en sí misma, su naturaleza, etc..., sino que significa tan sólo el caracter formal de lo aprehendido, aunque lo aprehendido sea la cualidad más efímera, fugaz e insignificante. (SE, 114)

Aquí realidad es una formalidad puramente humana porque como más adelante veremos sólo el hombre aprehende las cosas como realidades. En esta parte nos atendremos sobre todo al sentido ontológico de la realidad, a la realidad como actuidad o actuación (respectividad constituyente). Más adelante, y en una teoría de la inteligencia, atenderemos a la realidad como actualidad o actualización, esto es, como formalidad (respectividad remitente o sentiente) (Cfr. infra pág. 95 y ss.). El acercamiento zubiriano al concepto de realidad desde estas dos perspectivas nos dará pie para hablar de un reísmo metafísico y de un reísmo gnoseológico en el propio Zubiri (Cfr. infra, pág. 93 y ss.)

En Sobre la esencia Zubiri realiza su estudio sobre la realidad. El objeto de esta obra es tratar el problema de la estructura radical de la realidad y su momento esencial (SE, 6). En suma, se trata de un estudio ontológico sobre lo real y su esencia. No ha de pensarse pues que este análisis sobre la esencia presupone un esencialismo epistemológico, esto es, la posibilidad de la inteligencia humana de llegar a definir la esencia de las cosas. Ese esencialismo epistemológico que el mismo Zubiri repudia al señalar el relativismo de la razón, supone la existencia de explicaciones últimas, de explicaciones del comportamiento de algo en términos de su esencia. Como veremos enseguida, cuando Zubiri habla de la esencia no quiere decir que las cosas poseen una esencia fija y determinable, sino simple y formalmente que la esencia de las cosas no es sustancia ni quiddidad (como pretendía Aristóteles), sino sustantividad, la cual se entiende como sistema y estructura. Lo que es claro es que en Zubiri no hay esencialismo epistemológico. El mismo Zubiri repite en varias ocasiones que

nunca podemos estar seguros de poder aprehender ni de hecho ni en principio la esencia de algo, y menos aún, de aprehenderla íntegra y adecuadamente. (SE, 58).

 

El que lo real tenga esencia, es una imposición de la realidad profunda misma. Pero el que esta esencia tenga tal o cual contenido, esto, por verdadera que sea mi intelección profunda, será siempre cuestión abierta. Cada nota por ser real remite en su realidad física misma a otras, de suerte que la intelección racional de la esencia es constitutivamente abierta no sólo en cuanto mi intelección nunca termina, sino en cuanto lo inteligido mismo, esto es, cada nota, remite en principio a otra. Y jamás sabremos la amplitud de esta remisión. (IRA, 114)

La realidad es para Zubiri el ámbito de lo esenciable, la primera región a acotar en una búsqueda formal y estructural de la esencia. En segundo lugar, es la sustantividad la realidad esenciada en el ámbito de lo esenciable. Y por último, y en tercer lugar, serán las notas constitutivas (fundantes) de la sustantividad la esencia misma de lo real. Sin embargo, antes de entrar en este análisis formal de la realidad, véamos qué entiende Zubiri por realidad como concepto transcendental.

En primer lugar, la realidad no es semántica, sino sintáctica (SE, 181). La realidad esenciable no es la cosa-sentido sino la cosa-realidad. La cosa-sentido es una casa o una mesa en cuanto útiles, en cuanto "posibilidades de vida". Lo real, por tanto, no es la mesa como útil para comer o escribir, sino la mesa considerada física y materialmente: una tabla con cuatro patas. La realidad como tal no es cosa-sentido (el sentido es algo ulterior a lo real que se constituirá en respectividad de sentido y a lo cual Zubiri también llamará "realidad en condición"), es decir, la realidad no es semántica, sino sintáctica o respectiva. Lo real se caracteriza por estar en respectividad con otras realidades, por actuar sobre algo otro o sobre sí. De este modo realidad es respectividad: al ser ambos conceptos transcendentales son asímismo intercambiables o convertibles. En un importante artículo Respectividad de lo real (1979), señala Zubiri que

toda realidad es respectiva en cuanto realidad. Entiendo que respectividad es un carácter metafísico de la realidad, y no simplemente una relación o propiedad, entre otras, de las cosas reales. (RR, 13)

Zubiri diferencia claramente lo que él entiende por respectividad de otros conceptos clásicos como relación categorial (Aristóteles) o relación constitutiva. La relación categorial es una relación adventicia a cosas ya previamente contituidas de modo que aquí la relación es alteridad entendida al modo aristotélico.

La relación constitutiva es algo más hondo que lo anterior y apunta a un relacionismo o correlacionismo que acaba siendo un relativismo. La relación transcendental, sin embargo, es un tipo de relación a un nivel más profundo donde no es necesaria la existencia de uno de los términos de la relación. Ejemplos de este tipo de relación son los de relación potencia-acto, materia-forma, accidente-sustancia, sujeto-objeto, etc... En estos ejemplos lo importante es simplemente el ordenamiento de uno de los relatos con respecto al otro. ¿Por qué estos tipos de relación aristotélico-escolásticos no sirven para caracterizar el aspecto sintáctico-sistémico con el que Zubiri define la realidad?. Simplemente porque esos tipos de relación se fundan en la idea del ente y no en la de realidad tal como Zubiri la entiende, o sea, dinámicamente (respectividad dinámica). A esto, y en justa correspondencia, se añade que estos tipos de relación "están pendientes de una idea de la inteligencia como algo concipiente y hondamente separado del sentir." (RR, 23)

De este modo, Zubiri, basándose en una inteligencia sentiente, no concipiente, llega a una idea más honda en lo que se refiere al carácter sintáctico de lo real: la idea de respectividad como una dimensión de la realidad más profunda y más acorde a su idea de inteligencia que la clásica categoría de relación. Así, la respectividad como dimensión transcendental de la realidad expresa el carácter sintáctico-sistémico de la misma.

Frente a las ideas de realidad producto de una inteligencia concipiente, Zubiri propone la realidad como formalidad sentida (respectividad sentiente). Lo real no es realitas objectiva (Descartes), no es posición de un objeto (Kant), no es concepto absoluto (Hegel), no es unidad de sentido intencional (Husserl). La realidad es algo sentido en impresión por la inteligencia sentiente, es un "de suyo" como gusta llamarla Zubiri. Así,

a diferencia, de la filosofía clásica, -dice Zubiri- pienso que es forzoso partir de una idea distinta de inteligencia, inteligencia sentiente, y en su virtud de una idea distinta de realidad, realidad como de suyo. (RR, 25)

Por tanto, realidad, respectividad y suidad se identifican: todos ellos son conceptos transcendentales.

La respectividad no es relación por cuanto no se da entre cosas reales, sino entre formas y modos de realidad. Señala Zubiri que "la respectividad no concierne a las cosas reales en cuanto cosas, sino en cuanto reales." (RR, 29)

La suidad es lo que la cosa es en respectividad: "ser real es ser en propio aquello que está presente en la intelección sentiente" (RR, 28). Es decir, el de suyo "es la positiva y formal remisión a lo que es la cosa antes de la presentación" (SE, 394); es pues el fundamento de toda independencia y objetividad.

Respectividad y suidad se fundan mutuamente: ambas equivalen a realidad. A ellas se añade la apertura: "lo real es tanto que real es constitutiva apertura (...), formalidad abierta a ser tal y a ser realidad." (RR, 31).

Lo real no sólo está abierto a otros modos y formas de realidad, sino ante todo está abierto hacia sí mismo. Así también la respectividad no es primariamente respectividad de lo real a otras formas de realidad, sino que es fundante y radical respectividad a sí mismo. Esta respectividad a sí mismo la denomina Zubiri respectividad constituyente o suidad: se trata de la versión de las notas entre sí en una misma sustantividad. La llama también en varias ocasiones respectividad interna, aunque esta calificación es menos de su gusto por su menor rigor. Con esta respectividad lo que se constituye es la sustantividad, la unidad sistémica o estado constructo: "lo que la respectividad constitutiva constituye transcendentalmente es la sustantividad." (RR, 33; cfr. también SE, 288).

Fundada en la respectividad constituyente-interna está la respectividad externa o remitente, es decir, la respectividad no entre notas de una misma sustantividad que hace que se constituya como suya, sino la remisión de una forma o modo de realidad a otras formas y modos de realidad. Con este segundo tipo de respectividad se constituye lo que Zubiri llama "mundo" (Cfr. SE, 288 y RR, 36-37). Aquí se incluye un muy importante tipo de respectividad: la respectividad sentiente o respectividad como mera actualización. En esta línea es fecunda la propuesta de Saez Cruz de utilizar el término mundanidad para referirse a la respectividad contituyente, y reservar el de mundo para la respectividad remitente. Tal distinción no se encuentra expresamente formulada por Zubiri, ya que empleaba en sus textos ambos vocablos indistintamente, pero aporta mayor inteligibilidad a algunos pasajes oscuros, como aquellos en los que se afirma que aunque sólo hubiera una cosa, ésta ya sería estrictamente mundanal (IRE, 122; RR, 36).

En la cosa real la respectividad, la suidad y la apertura no se refieren a la cosa como tal, sino a la realidad misma de la cosa. De ahí que sean respectividad transcendental, suidad transcendental y apertura transcendental. Así, apoyándose en estos tres conceptos transcendentales y fundamentales en la teoría de la realidad, Zubiri define la respectividad como "suidad transcendental del de suyo abierto en cuanto de suyo" (RR, 33).

Estos carácteres transcendentales por los que Zubiri define la realidad constituyen el ámbito de lo esenciable: la sustantividad. La sustantividad es la unidad ontólogica fundamental en la metafísica zubiriana, por oposición a la categoría de sustancia aristotélica.

Además de los caracteres transcendentales ya dichos, hay que describir la realidad como sustantividad, no como sustancia. Hay sustantividad cuando un contenido definido por tales y tales notas "es suficiente para ser de suyo lo que en propio es" (RR, 33), esto es, cuando tiene "suficiencia constitucional". Más exactamente, "lo que la respectividad constitutiva constituye transcendentalmente es la sustantividad." (RR, 33).

La sustantividad como unidad de contenido, como unidad total de notas, es también unidad de sistema. La unidad de la sustantividad no es unidad aditiva ni causal, sino que es unidad sistemática. La sustantividad, como veremos más detalladamente, no es adhesión ni inhesión, sino cohesión. La sustantividad es siempre sustantividad sistemática (Cfr. RR, 34 y SE, 143-147), o también respectividad sistémica.

De este modo, la unidad metafísica de lo real es la sustantividad, que a la vez es una unidad sistemática. Esto pone en clara relación la teoría de la realidad de Zubiri con la Teoría General de los Sistemas propuesta inicialmente por Ludwig von Bertalanffy (1947 en adelante) partiendo de disciplinas biológicas y que, desde un punto de vista ontológico, evitaba el reduccionismo atomicista y mecanicista para dar un enfoque holístico y organicista a la realidad, lo cual supone un cambio importante de paradigma científico y filosófico. La importancia de este punto de inflexión ha sido subrayada, entre otros, por el biólogo Henri Atlan:

 

La visión engañosa de la realidad de la que por fin estamos saliendo, es la del mundo como máquina inerte hecha de entidades aisladas unas de otras, separada de la conciencia y del alma por el dualismo 'cartesiano' al que da forma la mecánica de Newton, cuyo modelo ha dominado todo el pensamiento científico desde la segunda mitad del siglo XVII hasta finales del siglo pasado. A ella se oponen a la vez la visión oriental, de naturaleza 'orgánica', 'dinámica', 'viviente', y la que nos propondría la física moderna, de un 'tejido cósmico' hecho de estructuras (patterns) en el cual la 'realidad última' no es ya la de los 'ladrillos elementales de la materia' sino un 'tejido dinámico de sucesos interdependientes'.

 

  

 

 

2.2 Sustancia, sustantividad y esencia.

 

La esencia no es una cosa esencial, sino lo esencial de una cosa. (SE, 180)

 

Como ya hemos señalado, el objeto de Sobre la esencia es realizar un análisis estructural de la realidad e identificar su momento esencial. Para ello Zubiri hace una dura crítica a los conceptos tradicionales de realidad y de esencia, basados todos ellos en premisas conceptuales, no físicas.

Previamente al análisis de la realidad que lleva a cabo, Zubiri critica los conceptos de esencia presentados por Husserl, Hegel y Aristóteles. Estos conceptos de esencia son racionalistas, no basados en una correcta conceptualización de la inteligencia como aprehensión impresiva de la realidad. Ante ellos Zubiri propondrá un estricto concepto de la esencia física e individual. Pero veamos antes esos conceptos erróneos del momento esencial de lo real.

 

2.2.1. El concepto de esencia en Aristóteles.-

Según Aristóteles la esencia es el correlato real de la definición. La esencia es algo real pero acotado desde el logos definidor. A la vía de la definición (logos) añade Aristóteles la vía de la naturaleza (physis). Sólo es ente y sólo tiene esencia lo natural. Aunque en este sentido Aristóteles rescata el ser del mundo transcendente en que lo había situado Platón, el ámbito de lo esenciable es para Aristóteles lo natural en tanto que opuesto a lo artificial, mientras que, por el contrario, Zubiri parte de la cosa-realidad como lo esenciable, oponiéndolo a la cosa-sentido.

Pero no sólo hay esta reducción en Aristóteles sino que además lo primeramente definible es la sustancia, no el accidente. Sólo la sustancia es sujeto último de la definición. Dice Aristóteles que

una cosa está clara, y es que la definición en sentido primordial y absoluto y la esencia pertenecen a las sustancias.

La esencia es algo propio de la sustancia; en Zubiri, como veremos, es parte de la sustantividad.

ARISTOTELES ZUBIRI

lo esenciable

lo natural

la cosa-real

lo esenciado

la sustancia

la sustantividad

la esencia

especifidad

las notas

constitutivas

últimas individuales

La esencia para Aristóteles es propiamente la especificación o quiddidad (quod quid erat esse). Todo lo inespecífico, todo lo individual, es inesencial. Aristóteles desecha lo accidental, subsume lo individual en lo universal: de lo que no es posible el conocimiento científico dice que no posee esencialidad. Frente a ello Zubiri recalcará que lo esencial no es lo específico, sino lo estrictamenente físico e individual. Zubiri, en una línea de izquierda filosófica, revalorizará desde un punto de vista metafísico lo individual como el momento más esencial de lo real: "no hay nada real que no sea individual." (SE, 137; SH, 189). Los conceptos, por ejemplo, en cuanto que son abstracciones y se alejan de lo individual, los calificará Zubiri de "irrealidades". (Cf, IL, 89 y ss.)

Pero si ya en la acotación del ámbito de lo esenciable no está Zubiri de acuerdo con Aristóteles (Cfr. SE, 83-85), donde la divergencia es más acusada y con más consecuencias teóricas es en el ámbito de lo esenciado. En el caso aristotélico lo esenciado es la sustancia. Aquí es donde Zubiri descargará toda su potencia crítica sustituyendo el concepto de sustancia por el de sustantividad.

En la filosofía aristotélica es la sustancia lo que propiamente tiene entidad y, por ello, esencia. La sustancia (hypokeimenon) se caracteriza por su subjetualidad y su separabilidad. Es pues lo que subyace a los accidentes y es propiamente separable de ellos. Esta ontología de niveles, esta ontología de lo separable será sustituida en Zubiri por una ontología sistémica donde no cabe la separabilidad y donde el enfoque es holístico-reticular. Zubiri no acepta el carácter de subjetualidad de la sustancia, ya que desde el punto de vista predicativo "toda realidad, sea cualquiera su índole, puede ser convertida en sujeto de predicación." (SE, 86)

Pero esto deja intacta la índole física de lo real. Es decir, "no todas las realidades que son sujeto de predicación son, por eso, sub-jectum en cuanto a realidad." (SE, 87)

Frente a Aristóteles, que supone la sustancia como sujeto de accidentes, Zubiri propone la sustantividad como sistema de notas. La visión de la realidad cambia totalmente con el enfoque zubiriano. Para Aristóteles la unidad metafísico-ontológica primordial es la sustancia: "si el universo es como un todo, la sustancia es su primera parte."

Y esta sustancia no sólo es "subjectum" en Aristóteles, sino que ademàs la entiende como quiddidad o especificidad, esto es, de modo universal e ideal.

Diciéndose Ente en tantos sentidos -afirma Aristóteles-, es evidente que el primer ente de éstos es la quiddidad, que significa la sustancia (...) y los demás se llaman entes por ser cantidades o cualidades o afecciones o alguna que otra cosa del ente en este sentido.

Sin embargo, dado que no podemos entender toda realidad como realidad subjetual, el concepto de sustancia se queda corto para una nueva ontología. Por ello, Zubiri, introduce el concepto de sustantividad como sistema de notas:

a la estructura radical de toda realidad, aunque envuelva ésta un momento de subjetualidad, he llamado sustantividad, a diferencia de la sustancialidad, propia tan sólo de la realidad en cuanto subjetual. La sustantividad expresa la plenitud de autonomía entitativa. (SE, 87)

Como señala Zubiri, el enfoque aristotélico consiste en ir de fuera a dentro ya que "se parte de las notas y se consideran como algo que afecta (accidentes) a la cosa real, sujeto (sustancia) de ellas." (SE, 125).

Por el contrario, el enfoque zubiriano es de dentro a fuera: "se parte de la cosa y vemos en las notas no algo que un sujeto tiene, sino aquello en que la cosa es actual." (SE, 125).

Los dos enfoques son compatibles, teniendo en cuenta que el momento de sustantividad es anterior al de la subjetualidad:

La visión de fuera a dentro es una visión en inhesión y conduce a una teoría de las categorías del ente. La visión de dentro a fuera es una visión en actualización o proyección y conduce a una teoría de las dimensiones de la realidad.(SE, 127).

Con ello queda Aristóteles superado por Zubiri, por cuanto la sustancialidad se articula y es mero momento de la sustantividad. Hay ocasiones en que materialmente sí coinciden sustantividad y sustancialidad (cuerpos inorgánicos), pero en otras la sustancia se articula en la sustantividad sin tener ninguna unidad ontológica propia (sustancias insustantivas en los seres vivos como son azúcares o proteínas que forman parte de ellos). Por tanto,

la división de lo real en sustancia y accidente no es metafísicamente primaria. La división primaria y fundamental de lo real es sustantivo-insustantivo. La máxima unidad metafísica es la unidad estructural de la sustantividad. (SE, 514).

Aristóteles, además, para llegar a la esencia de la sustancia da el rodeo de la definición y del logos, con lo cual arriba a una esencia lógica, a una especificidad o quiddidad, dejando como inesencial lo individual. Y esto es inadmisible para Zubiri, pues olvida que la esencia no es algo lógico, sino que es primaria y formalmente físico. La esencia física que Zubiri persigue es una "esencia constitutiva" y no como Aristóteles, una "esencia quiditativa". Así, la esencia quiditativa de Aristóteles no se refiere "sino al contenido de aquello en que conceptivamente coinciden los individuos" (SE,222), dejando como inesenciales las diferencias. Son estas diferencias individuales las que Zubiri no tiene ningún pudor en adscribir a lo esencial. Como veremos más adelante, la primacía de la esencia quidditativa frente a la individual en Aristóteles es consecuencia de la prioridad que en el terreno del lenguaje se otorga al juicio predicativo frente al posicional, que Zubiri considerará más radical. (Cfr. SE, 353; IL, 151; infra pág. 139).

 

 

2.2.2. El concepto de esencia en Hegel y en el racionalismo.-

 

Tanto Hegel como en general el racionalismo identifican la esencia de la cosa con su concepto, esto es, la esencia de algo será el concepto con el que la cosa está conforme para ser tal cosa. En suma, suponen que la estructura de la realidad y la estructura de la razón son una y la misma cosa y, por tanto, que la esencia de las cosas no es sino una esencia racional. Lo real se funda en lo racional, es esto último lo que posibilita y pone lo real. Como vemos es ésta también una posiciòn diametralmente opuesta a la concepción arracional de la realidad propuesta por Zubiri donde "la estructura del conocimiento, del logos, no es la estructura de la realidad" (SE, 323).

La esencia como concepto admite dos variaciones. Entendida como concepto formal tenemos la posición hegeliana; entendida como concepto objetivo tenemos la posición racionalista general.

I/ Si entendemos el concepto como el acto mismo de concebirlo tenemos el concepto formal. Este no es sino la actividad misma de la razón en su pensar. Por otro lado, lo ya concebido es el concepto objetivo. Así, según la filosofía hegeliana,

todo el ser de la cosa real en cuanto real, le está conferido por la concepción formal de la razón. Ser consiste en ser concebido.(SE, 36).

Y esta razón, por ser fundamento de lo real, es además razón divina. En Hegel hay pues una identificación de metafísica, teología y lógica, donde en última instancia todo se reduce a lógica, a logos, a concepto. Hegel propone en su sistema una onto-teo-logía.

La esencia es en Hegel un momento de la concepción formal del sujeto pensante. De ahí que lo real sea un mero momento del concepto. Como señala Hegel, "el concepto es la verdad del ser y el ser un momento del concepto" (Enciclopedia, § 159).

Y el concepto como verdad del ser es la esencia para Hegel. Hegel culmina así toda la tradición moderna de ensalzamiento del sujeto racional que Zubiri se propone desarticular. Con Hegel se da la total minusvalorización de lo real frente a la racionalidad del sujeto. Para Hegel,

la única sustancia es el sujeto pensante: su esencia es su función de concebir, esto es, de engendrar, de producir cosas; y la esencia de éstas no es sino el ser meras posiciones, meros conceptos del pensar, es decir, del sujeto pensante (SE, 45)

Frente a esta posición hegeliana, Zubiri niega categóricamente que el ser sea un momento del concepto ("Das Sein ist ein Moment des Begriffs", Hegel), ya que eso supone un primado de lo lógico sobre lo real y un concepto unilateral de la razón. Según Zubiri, "no existe eso que Hegel llama la Razón; sólo existen razones intrínsecamente distintas" (SE, 47).

Además, la concepción de la razón hegeliana excluye el error, y el hecho fáctico del error supone y prueba la distancia entre pensar y ser. Por último, en el devenir dialéctico hegeliano, la esencia como supuesto del ser sería posición del pensar. Habría pues un devenir, pero no un devenir ontogenético, sino "un devenir logogenético" (SE, 57)

II/ Si entendemos el concepto como concepto objetivo, esto es, lo concebido por el pensar, la esencia sería la representación conceptual de la cosa. Es la visión del racionalismo a partir de Descartes y que culmina en Kant. De esta guisa, lo real queda reducido a la realización fáctica de un concepto objetivo, de una representación. Una esencia así entendida sería anterior a lo real, tendría el carácter de un a priori. Y al mismo tiempo sería fundamento de lo real en cuanto que lo real se mensuraría con respecto a esa esencia o concepto objetivo. Las cosas no serían sino verdad ontológica de su concepto objetivo.

Asímismo, la esencia como concepto objetivo constituiría el orbe de los posibles frente a la realidad que sería su realización fáctica. Este orbe de los posibles tendría una existencia ideal. A toda esta parafernalia racionalista de los conceptos objetivos la denomina Zubiri "la vía de la causalidad inteligente". Esta vía

lleva a descubrir las ideas como anteriores a las cosas y como canon individualmente exhaustivo de su realidad individual. (SE, 63).

Además,

al confundir la esencia con el paradigma intelectual (...) se elude decir qué es la esencia en sí misma como momento real de la cosa (Idém).

El racionalismo reduce lo real a conformidad con el concepto objetivo, con lo que caracteriza lo real como verdad ontológica. Pero esto sólo sucede si entendemos la inteligencia como mera inteligencia concipiente o logos racional. Sin embargo, si entendemos la inteligencia como inteligencia sentiente entonces

antes de una verdad ontológica (que bien pudiera llamarse una verdad conceptiva) hay una que yo llamaré verdad real, que es fundamento de aquélla (SE, 68).

Queda así claramente distinguida la posición de Zubiri frente a la concepción racionalista de la esencia. Mientras que ésta hace referencia a una esencia metafísica con la que lo real ha de ser concebido (concepto objetivo), Zubiri se refiere siempre a una esencia física sin la que lo real no puede tener realidad física.

 

 

2.2.3. El concepto de esencia en Husserl.-

 

La concepción husserliana es una concepción de la esencia como eidos, como sentido, negando por tanto el caracter físico e individual que Zubiri atribuye a la esencia. La conceptuación de la esencia que Husserl propone se debe a su búsqueda de un saber absoluto frente a los empíricos. Y lo que fundamentaría ese saber absoluto serían las esencias, no como partes físicas de las cosas, sino como aquello a lo que remiten las cosas en su búsqueda de una ley necesaria. Las esencias son para Husserl independientes de toda realidad, aunque la realidad necesita de la esencia como su fundamento.

La conciencia se convierte para Husserl en intuición de esencias, intuición de eidos. La concienca es intencionalidad; es el intentum. Lo aprehendido no es realidad de hecho (eso sería cuestión de saber empírico), sino sentido puro. El "eidos" es el término intencional de la conciencia. Y es la intencionalidad la que abre el área del sentido objetivo. Así, la conciencia es un acto dador de sentido, de manera que

lo aprehendido en cuanto aprehendido, es decir, no como término fáctico de un hecho de conciencia, sino como sentido objetivo de su intención, ya no es realidad, sino eidos (...). La esencia no es, pues, sino la unidad eidética de un sentido. (SE, 26).

Hay en Husserl, como señala Leszek Kolakowski, una búsqueda de universales -que serían las esencias- en su intento de fundamentar un saber absoluto:

la intuición eidética, sin embargo, no es un procedimiento de abstracción, sino una clase especial de experiencia directa de los universales (...). Para Husserl los universales no son inferidos de los particulares, sino que son dados directa, corporalmente

De este modo, Husserl parte, al contrario que Zubiri, de que lo esenciable no es la cosa-realidad, sino la cosa-sentido. Para Husserl esencia y realidad son dos órdenes separados, mientras que para Zubiri la esencia es parte de la realidad. En Husserl la esencia como sentido se basta a sí misma y no sólo es independiente de lo real, sino que además lo funda. Según Zubiri los supuestos de los que Husserl parte son erróneos. En primer lugar, Husserl se dirige a lo absoluto por la vía del saber, de la conciencia, no de las cosas. Así, según Zubiri, Husserl "logrará a lo sumo un tipo de pensar esencial, pero jamás la esencia de las cosas" (SE, 28).

Además, Husserl tiene una idea de la conciencia sustantivada, cosa que Zubiri rechaza, pues cree que no hay propiamente conciencia, sino tan sólo actos conscientes (Cfr. TFJ, 86; SE, 29; DE, 48). La sustantivación de la conciencia es una característica de la filosofía moderna que Zubiri criticará a lo largo de su obra Inteligencia sentiente. Frente a tal sustantivación, la idea básica de Zubiri afirma que los actos de la intelección "no son intelectivos por ser conscientes, sino que son conscientes por ser intelectivos." (IRE, 162).

Por lo que se refiere al propio contenido de la filosofía de Husserl, Zubiri lo critica por cuanto no hay concepto de esencia pura o sentido puro, ya que la esencia es siempre "esencia-de" algo. En Husserl esencia no es parte física e individual de algo, sino que con algún tinte platónico, esencia es regulador universal a priori de lo real. Afirma Zubiri que

las cosas no remiten a la esencia como a un sentido regulador a priori de su realidad. Las cosas guardan con la esencia un respecto más íntimo: no remiten a ella, sino que la poseen intrínsecamente; las esencias están realizadas en las cosas, son un momento intrínseco y formal de ellas (SE, 30).

Con Husserl sí que hay un pensamiento "esencialista" en su mal sentido. En ese esencialismo husserliano, la esencia no es relativa a la realidad (Zubiri), sino que es la realidad relativa y fundada en la esencia como sentido. Con Husserl "es el saber de la esencia lo que contituye el metro del saber de la realidad" (CLF, 223).

Frente a esta concepción transfísica, Zubiri propone su visión física donde la esencia es algo fáctico no más allá de lo real, sino en y por lo real.

 

 

 

2.3. Hacia un concepto estructural-dinámico de la realidad

 

La estructura no es sustancia, sino sustantividad (...). Lo principal en cuanto tal es estructura. (SE, 513)

 

Hemos visto ya que lo real no es la verdad ontológica (racionalismo), donde existen dos términos siendo uno mensura del otro. La realidad verdadera es la verdad real, verdad que pertenece a la cosa misma. Esta verdad se actualiza en las mismas notas que la cosa posee y que nos descubren una determinada riqueza, una determinada solidez y un determinado estar siendo o estabilidad (Cfr. SE, 127-130 y IRE, 239-241). Sólo las notas de la cosa que son momentos de esas dimensiones físicas de lo real son notas que pertenecen a la realidad simpliciter. La riqueza, la solidez y el estar siendo son dimensiones físicas propias de la sustantividad de la cosa. De ahí que sólo las notas que contribuyan a esa riqueza, solidez y estar siendo son propiamente notas de la sustantividad.

Podemos clasificar las notas de la realidad del siguiente modo:

Las notas de tipo causal son "las notas que se refieren a su conexión activa o pasiva, necesaria o no, con otras realidades" (SE, 135). Estas notas no las posee la cosa referida a sí misma y, por tanto, según Zubiri, no interesan en la consideración de lo esenciado (sustantividad). Son propiamente las notas formales las que hacen referencia a la cosa considerada en sí misma, independientemente de otras realidades. Dentro de las notas formales hay notas que, aunque pertenecen a la índole misma de la cosa, han sido adquiridas por su conexión con otras: son las notas adventicias que, por tanto, quedan también excluidas del ámbito de lo esenciado. Así, las notas que formalmente son parte de la índole de una cosa sin que se deban a relaciones de esa cosa con otras son las que Zubiri denomina notas constitucionales. Es en esta constitución donde se encuentran las dimensiones de más o menos riqueza, más o menos solidez y más o menos estar siendo (estabilidad).

La constitución así entendida -dice Zubiri- es de carácter físico y no lógico; es también rigurosamente individual (...) No hay nada real que no sea individual. (SE, 137).

Queda pues claro que la constitución o unidad de notas constitucionales de una cosa es la realidad esenciada o sustantividad. Las notas constitucionales lo que constituyen es la sustantividad (respectividad constituyente). Además, la unidad constitucional no es una unidad aditiva, no es unificación o unión, sino unidad primaria. Esto significa, según Zubiri, que

en la unidad, una vez existente, cada nota es función de las demás, de suerte que sólo en y por su unidad con las restantes es cada nota lo que es dentro de la cosa real. (SE, 143).

Las notas constitucionales lo que constituyen en cuanto unidad es un sistema, de modo que la unidad constitucional es una unidad primaria de sistema.

En este punto es donde hay que señalar la importancia de estas consideraciones para la constitución de una nueva ontología. Esta nueva ontología es una ontología sistémica donde se rechaza la tradicional ontología compartimentada o de niveles. La nueva ontología caminaría acorde con lo propuesto por Ludwig von Bertalanffy en su Teoría general de los sistemas (1968) y con las consideraciones ontológicas de la Teoría evolucionista del conocimiento (Evolutionäre Erkenntnistheorie), desarrollada por Gerhard Vollmer, Wuketits, Riedl et alii, siguiendo la tesis del premio Nobel Konrad Lorenz.

Como señala Franz M. Wuketits, seguidor de la teoría evolucionista del conocimiento, se puede hablar de una nueva disciplina llamada "bio-ontología", la cual recogería los aspectos de organización de lo vivo e introduciría un dinamismo emergentista en la conceptuación de lo real (en especial lo real en cuanto a sistemas vivos). Este dinamismo coincide con el carácter emergentista que también Zubiri otorga a lo real, precisamente por entender lo real como sistema de respectividades. Wuketits en su bio-ontología parte asímismo de un supuesto proto-ontológico: "el mundo es un sistema de sistemas o una jerarquía de sistemas".

Con ello se contempla lo real como un juego de cajas chinas (sistemas y subsistemas), y se rechaza la tradicional ontología de niveles ("Schichtenontologie") en favor de una ontología de redes o reticular ("Netzwerk-Ontologie"). De este modo, según Wuketits, los dos postulados de una Bio-ontología serían pues: (1) que los sistemas vivos se presentan en todos sus grados de complejidad como sistemas dinámicos sujetos a un proceso de evolución, y (2) que todos los subsistemas de un sistema vivo están en efecto recíproco (Wechselwirkung) unos con otros, y por ello hay que representarlos mediante una bio-ontología de redes, constitutiva de relaciones causales-circulares.

Al igual que Zubiri, este nuevo enfoque se propone introducir el evolucionismo biológico en el marco de una ontología dinámica, no estática como la tradicional. Wuketits señala asímismo que "el desarrollo biológico puede ser descrito como un proceso sistémico-jerárquico."

La unidad básica de lo real es pues sistema. Según Zubiri, un sistema se define por "la interna concatenación e interdependencia de todas sus notas", siendo esa concatenación "la posición de cada nota respecto de todas las demás" (SE, 144). No es el sujeto quien "pone" la realidad (idealismo), sino que será la realidad sistémica la que hará emerger ontoevolutivamente al sujeto. Coinciden en esta tesis tanto la Teoría General de los Sistemas, la Teoría Evolucionista del Conocimiento y el mismo Zubiri al señalar que "lo real no es sujeto, sino sistema" (IRA, 190).

Además de la característica de posición determinada de cada nota, tiene el conjunto de notas de un sistema la propiedad de la clausura, esto es, que las notas que lo componen están como cerradas en sí mismas, o sea, tienen un grado de independencia de otras realidades. Esta unidad de sistema así caracterizada por la posición de cada nota en el conjunto y por una cierta clausura del conjunto es lo que Zubiri denomina sustantividad o realidad esenciada, formada por las notas constitucionales (SE, 146). Este tipo de unidad es el que nos va a permitir hablar del carácter estructural-dinámico de lo real.

Todo esto coincide en líneas generales con lo expresado por L. von Bertanlanffy en su teoría general de los sistemas y con las consecuencias filosóficas derivadas de tal teoría. Bertalanffy distingue al igual que Zubiri entre conjuntos de elementos sumativos y conjuntos de elementos constitutivos. Y señala asímismo que

las características constitutivas son las que dependen de las relaciones específicas que se dan dentro del complejo; para entender tales características tenemos por tanto que conocer no sólo las partes, sino también las relaciones.

Para Bertalanffy esta nueva concepción sistémica supone nada más y nada menos que un nuevo paradigma científico, pues va más allá de lo meramente ontológico para asentar las bases ontológicas y epistemológicas de la ciencia. Señala también la existencia de

una filosofía de sistemas, una reorientación del pensamiento y de la concepción del mundo como consecuencia de introducir la noción de sistema como nuevo paradigma científico (en contraste con el paradigma lineal-causal analítico y mecanicista de la ciencia tradicional)

Estas consecuencias más amplias, así como otras importantes propiedades del concepto de sistema, son cosas que Zubiri no desarrolla, quizás por no salirse de su propia tarea. Lo cierto es que Zubiri no hace referencia en absoluto a la Teoría General de los Sistemas, aún cuando en Sobre la esencia resalta la gran importancia de los conceptos de sistema y de estructura para su teoría de la realidad. Recordemos que el arranque oficial de la Teoría General de los Sistemas hay que fecharlo en 1954, ocho años antes de la publicación de Sobre la esencia, con la fundación de la Sociedad para la Investigación General de Sistemas por Bertalanffy y otros. Los lugares comunes entre ambos autores respecto a la noción de sistema, así como ciertas consecuencias coi